jueves, junio 03, 2010
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El corazón, este órgano que nos mueve la vida, los sentimientos, la que hace aflorar lo mejor y lo peor de nosotr@s… este corazón que se acelera, cuando algo nos duele o sientes que dejará de latir cuando sufres, o que se parte cuando nos hieren.
corazón
¡El corazón se manda solo
El corazón tiene vida propia y se manda solo, muchas veces no hacemos nada y nos hace sentir los seres más especiales del planeta, otros días son miserables y lúgubres. El corazón es nuestro motor, donde se esconden todas nuestras emociones.

No vale la pena que intentemos negar lo que nuestro corazón grita, porque tarde o temprano seremos alcanzad@s por el ensordecedor eco de su voz; sin embargo, hay personas que creen que a fuerza de voluntad pueden hacer lo que piensan que deben hacer y no lo que sienten que deben hacer. Esto, con el pasar del tiempo, se convierte en un nido de frustraciones que termina desembocando en una profunda tristeza y depresión que socavan las aspiraciones y sueños de quien se somete a ello.

Quienes creen que solo deben actuar con la “razón " deberían saber que el corazón sólo es una metáfora, es decir, la razón también nos hace equivocar -¡y vaya equivocaciones!-.Así que, lo racional se mezcla con lo sentimental y viceversa, de ahí que aunque much@s quieran convertirse en abogad@s, -por aquello de siempre querer andar con argumentos- hay que reconocer que afortunadamente no hay explicaciones para todo... Y entonces debemos decir que, ¡somos sentimentales con algo de racionalidad!

El corazón representa ese ser, esa alma que quiere salir e iluminar a nuestr@s semejantes; pero las barreras que nos auto imponemos amenazan con acabar con esa originalidad que poseemos desde que nacemos.... No le tengamos miedo a nuestras emociones, ellas están en nosotr@s para ser vividas...A punta de cientificidad nadie vive, así que es mejor preferir las fluctuaciones del corazón. O como diría Nelson Mandela:

"No es nuestra oscuridad, sino nuestra luz lo que más nos atemoriza. A medida que nos permitimos que nuestra luz se irradie, sin darnos cuenta, estamos permitiendo que otras personas hagan lo mismo.  Al liberarnos de nuestros propios miedos, nuestra presencia automáticamente libera a otros."
Y esa luz no es más que la de nuestro espíritu, la del amor y la esperanza. Así que aquí les dejo la inquietud... ¿Quisieran ustedes convertirse en enormes bombillas gobernadas por el corazón? ¡Yo ya di mi si!

Con amor... 
© Lluvia

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