miércoles, febrero 16, 2011
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Dicen que todos los seres humanos debemos hacer tres cosas antes de morir: sembrar una planta, tener hij@s y escribir un libro. La gran mayoría de personas logran las dos primeras ¿y qué pasa con la tercera?
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¡Tú puedes tejer tus propias palabras!
Escribir es un arte: es la forma en la que tejemos pensamientos, en la que usamos el delgado y fascinante hilo del lenguaje para entregarle al mundo un pedacito de nuestra alma. A muchas personas se les dificulta escribir porque se enfocan más en las limitaciones que en las ganancias y se la pasan sub valorando sus propias habilidades y privando a toda la humanidad de conocer a un maravilloso corazón.

¿Quién dijo que tod@s debemos ser como Borges o Benedetti? Éste es el primer error que solemos cometer: esperar que nuestro primer escrito sea nuestra “ópera prima” sin tener en cuenta que escribir es como montar en bicicleta: se aprende a base de aciertos y caídas. No podemos ser tan ilus@s como aquell@s estudiant@s que esperan aprobar sus asignaturas sin tan siquiera estudiar…

Por otra parte, el escribir es sinónimo de comprometernos, de dejarnos en evidencia como sujet@s y asumir una postura frente a la vida. Es común que muchas personas utilicen lo que escribes para atacarte, hecho que puede resultar desgastante y hasta decepcionante, puesto que sólo se tiene en cuenta el planteamiento y no el contexto y las mismas salvedades que como artesan@s de la expresión hacemos.

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Siempre podrás llenar las hojas en blanco...
Lo que debemos saber es que escribir es el sentimiento de una época, las personas que se dedican a la escritura son como una especie de actores y actrices: se transforman en diferentes personajes para poder brindarle un resultado agradable a su público. La inspiración viene de múltiples fuentes y no necesariamente tenemos que narrar lo que vivimos, hoy pensamos de una forma, quizá en el futuro replanteemos lo que hoy defendemos, ello hace parte de nuestra evolución como seres humanos…

¿Y de qué escribo? Eterno interrogante que nos realizamos y muy a menudo nos apabulla. A veces limitamos tanto nuestra imaginación que no encontramos ningún tema que emplear, pero si abrimos los ojos del alma, habrá tanta variedad que ya no sabremos por dónde empezar. Es simple salir de este “problemilla”, sólo debemos tener en cuenta que no hablamos de lo que no conocemos, de lo que no nos gusta o de lo que no sentimos.

Además, no debemos olvidar que quien nos lee cree en nosotr@s, así que debemos corresponder a esa confianza que tan generosamente nos han otorgado. Personalmente, siempre me da mucha risa cuando alguien me pregunta “¿de dónde sacas tanta cosa para escribir?” interrogante que yo resuelvo con un: “¿Y tú de dónde sacas que hay poco para compartir?”.

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¡Tu escritura crea un nuevo mundo!
¿Y qué título le pongo? Dicen que debe ser algo provocador, algo que resuma tu texto y atraiga a l@s lector@s. ¿Pero quieren mi verdad? Declaro abiertamente que soy un “desastre griego” para los títulos, pero lo que cuenta es el espíritu de superación, y estoy segura de que algún día no me costará tanto bautizar mis escritos. Lo que siempre debemos tener en cuenta es que la forma no debe sacrificar contenidos….

No nos debemos dejar asustar por quienes critican por criticar, créanme, ell@s siempre encontraran algo “defectuoso” en nuestro trabajo. Nosotr@s como personas que escriben, reconocemos que nunca terminamos de corregir nuestros escritos, porque cada vez que volvemos a leerlos quisiéramos agregar algo nuevo o quitarle algo, lo que pasa es que quien está afuera de la casa, no puede saber qué es lo que sucede dentro de la misma, a menos que tenga visión infra roja y la verdad no conozco al o la primera que tenga los ojos de superman.

¡No dejes de compartir lo que tienes!
Lo mejor para escribir, en mi concepto, es que “tengamos la bilis alborotada” sea para bien o sea para mal, lo digo porque los artículos que escribo bajo estos efectos son los que más puntúan ustedes, son los que más comentan y sobre los que más me envían mensajes. Otro apunte que haría al respecto, es que no escribamos directamente en la computadora, sé que así se ahorra tiempo en publicar y otros menesteres; pero no hay nada que reemplace ese maravilloso vinculo entre tus pensamientos y tu cuerpo, esa extasiada coordinación entre tu mente y los músculos de tu mano. Así que usa papel y tinta, ello te ayudará a conectarte más con tu interior.

El escribir, así como puede ser un don, también puede ser un hábito cultivado, nosotr@s somos quienes deciden si aportar o no al tejido de palabras dulcemente escritas que componen el universo de la subjetividad y la riqueza cultural. Sólo debemos tener decisión y agarrar la pluma como si ésta fuese una extensión de nuestras manos, porque no sentimos sol@s, nuestras virtudes, defectos, tristezas, alegrías, penas, amores, decepciones, las compartimos con un puñado de almas más que bienaventuradamente llamados seres humanos y que en nuestra casita web tenemos la fortuna de llamar amig@s.

Espero les hayan sido gratos estos pequeños discernimientos alrededor de la escritura y se animen a compartirnos sus pensamientos y sentires.
Con amor recargado...
© Lluvia
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