lunes, febrero 21, 2011
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Parece que en estos tiempos de aceleramiento crónico, la premisa fuera recrear ambientes hostiles en cada rincón de este planeta: prendemos la televisión y las balas salen por arte de magia de la pantalla, escuchamos radio y las palabras denigrantes y soeces no se hacen esperar, leemos un periódico y de nuestras manos empieza a destilar sangre... ¿Balearon a un joven? “Eso le pasa por estar tan tarde en la calle”, ¿le torturaron? “Eso le pasa por andar de sap@”, ¿le robaron? “Es que el vivo vive del bobo”, ¿Mataron a una mujer? “Seguro era la mujer de un “traqueto””, ¿le golpearon? “¿quién le manda a salir a buscar peligros?”.
paz, reconciliación, igualdad, esperanza
No carguemos armas en el alma...
Hemos naturalizado a la violencia como si fuese un aromatizante, vivimos buscando justificaciones para cada hecho aberrante que sucede a nuestro alrededor. Hablamos de la violencia externa, la repudiamos, denigramos de quienes le hacen daño a otr@s, pero en muchas oportunidades no somos conscientes que la verdadera guerra está en nuestro corazón, en cada acto mal intencionado que desde la cotidianidad realizamos, en cada palabra hiriente que pronunciamos y lanzamos contra l@s demás cuan daga envenenada.

Una vez, hablaba con una mujer de avanzada edad que se ufanaba de ser muy religiosa y muy caritativa. Para ella, lograr la paz en un país como el nuestro (Colombia) es sencillo: sólo hay que lanzar una bomba, pero no cualquier tipo de bomba: una que sea selectiva y mate a tod@s l@s guerriller@s y bueno, si deben morir inocentes, ¿qué más da? que se sacrifiquen unas cuantas personas buenas en beneficio de todo un país. Hay varias cosas que refutar en esta horripilante teoría: en primer lugar, ¿qué hace alguien tan “caritativo” deseando asesinatos?; en segundo lugar, es bastante ingenuo pensar que la guerra se va a acabar cuando desaparezcan l@s guerriller@s, ¿acaso l@s paramilitares desaparecieron con el teatro de la desmovilización?; Y en tercer lugar, la paz no llega a base de violencia: ¿crees que somos muy diferentes a l@s violent@s que tanto repudiamos cuando pensamos en ese tipo de cosas? No, sólo estamos un paso atrás de ell@s...

No tenemos ningún tipo de autoridad para rechazar la violencia de afuera cuando mantenemos un fusil en el corazón y vivimos desdeñando de todo lo que encontramos. No tenemos derecho a escandalizarnos cuando somos cómplices en el silencio, cuando sabemos que la mayoría de personas mueren por no tener dinero para el servicio médico, cuando sabemos que al o la niña del lado es maltratada, cuando sabemos que es@ pobre ancian@ no tiene nada que llevarse a la boca, cuando vemos que golpean a una mujer en la calle, cuando las políticas inescrupulosas de ciertos sectores dan hasta para quitarle a una madre cabeza de hogar el carro de tintos que le sirve como sustento. ¡NO! ¡NO TENEMOS DERECHO A RECLAMAR! Porque somos igual o más culpables que quien ocasiona el daño, callamos y eso sólo lo hacen l@s cobardes, l@s cómplices, los seres pobres en espíritu que no se conmueven ante el sufrimiento de sus congéneres.

paz, reconciliación, igualdad, esperanza
El mejor armamento es el amor y el respeto.
La guerra está en nuestro corazón porque nuestra confianza es un campo minado, porque tenemos “pensamiento militar” -¿acaso existe?- y vemos en l@s demás a un posible enemigo, porque creemos que el dinero puede medir la dignidad de un ser humano, porque nuestras palabras son balas que destrozan corazones, porque somos capaces de callar las más atroces miserias e incluso conformarnos con ello. Este es un mundo de combatientes, un mundo en el que quienes no quieren elegir entre alguno de los miserables bandos, termina por ser destruid@ por ambos. Debemos dejar esa ridícula teoría de que l@s fuertes tienen derecho sobre l@s débiles, ¿Qué no es vergonzoso aprovecharse de las almas enclenques y menos definidas?

Ineludiblemente, sino somos parte de la solución, entonces seremos parte del problema. Tenemos la oportunidad de vivir en paz en lugar de atizar el fuego de la guerra, nosotr@s somos quienes debemos olvidarnos de la violencia y empezar a crear una sociedad equitativa y solidaria. Como dice Luis Guitarra, en su maravillosa canción “desaprender la guerra” hay que:

“Desconvocar el odio, desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza, rodearse de caricias,
reabrir todas las puertas, sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones, rendirse a la justicia…

Desaprender la guerra… Indemnizar al alma…
Humanizar los credos… Anteponer lo ajeno…
Desaprender la guerra… Curarse las heridas…
Negarse a las consignas… Re inaugurar la vida”


Sino desaprendes tus guerras, jamás podrás aprender a vivir, jamás podrás ser- humano, porque hay muchas personas, pero quienes en realidad son fuertes, luchan con la fuerza del amor, no con la fuerza de un arma o de una ofensa… ¿Qué dices? ¿Te Unes?

Con amor recargado...
© Lluvia
paz, reconciliación, igualdad, esperanza

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