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| El alma florece eternamente... |
Lo mismo pasa con algunas relaciones de pareja: al inicio, la flor del amor nació y el verano la llenó de calor y le dio emoción a nuestro corazón. Pero llegan los vientos del otoño y lo que inicia como un espléndido jardín, ahora no es más que un cúmulo de flores muertas por el camino y entonces, llega el invierno, llega la indiferencia, la ruptura, la indolencia y con ello nos vemos obligad@s a enviar lo que antes nos ilusionaba a un viejo y oscuro desván.
Muchas veces no nos percatamos del paso de estas estaciones… Pero nosotr@s somos como esas flores de la primavera, que aún después del otoño no pierden su esencia y su belleza. En algún momento pasan los 365 días del año y se inicia un nuevo ciclo, un ciclo en el que lo más probable es que ya no sigamos siendo estaciones, sino que simplemente seremos personas que sabrán combatir los avatares del tiempo, y aunque haya mucho frío en el mundo de afuera, nosotr@s tendremos un conglomerado de estrellas iluminando nuestro espíritu y una gran reserva de rayos de sol que hará que los días ya no sean grises.
Debemos adueñarnos de los momentos de nuestra existencia y saber que todo lo que nace, ineludiblemente tiene que morir, de una forma u otra. No se trata de desarraigarnos de todo lo sentimental, se trata de regalarle un poco de elasticidad a nuestro corazón, así como el planeta con las estaciones, debemos aprender a vivir cada temporada como llegue y cuando llegue, a veces precoz, a veces tardía… La vida siempre te regalará el privilegio de elegir volver a creer, es tu decisión no quedarte mirando las flores muertas en el suelo y vivir en una incesante primavera que haga florecer eternamente las mieles del alma.
Con amor...
© Lluvia
Foto Créditos: Foto 1





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