martes, mayo 10, 2011
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Hemos atravesado por muchas experiencias en nuestras vidas: algunas alegres, otras tristes, y quizá, otro buen numero nos hayan resultado insoportables. Pero en todas estas situaciones, todo se nos podría haber hecho más llevadero si conociéramos cada uno de los rinconcitos que hay en nuestra alma, pero ése ha sido uno de nuestros mayores problemas: no sabemos ni siquiera qué es lo que sentimos entonces, ¿cómo se supone que deberíamos afrontar todo lo que nos atormenta y que nos pueden ayudar a alivianar nuestras cargas?
recuerdos, dolor, nostalgia, olvidar
Siempre hay un recuerdo que calcina el alma de dolor...
Sabemos que no debemos guardar tristezas en el alma, pero… ¿cómo hacemos si el hecho de querer hacer las cosas no significa que las logremos? ¿Cómo remediamos esas peleas entre el corazón y la razón? ¿Cómo hacemos para no creer que todo pasado fue mejor? ¿Cómo rompemos con esas cadenas que nos detienen?

Si echamos una mirada atrás y actuamos con un poco de sensatez, descubriremos que gran parte de nuestras decepciones las han ocasionado las cosas que no salieron como queríamos: teníamos tantas ilusiones, tantas cosas planeadas, tantos sentimientos floreciendo, que nos cuesta creer que lo que antes no hacia sonreír como loc@s ahora oscurece nuestra mirada. Nos sentimos tan contrariad@s que ni siquiera los malos recuerdos, aquellos que nos podrían hacer odiar nos dañan. Ahora lo que nos clava una espina en el alma son los buenos recuerdos, los que nos hicieron felices en un mundo que parecía casi “perfecto”. ¡Cuán paradójico es que lo que nos causó tanta dicha en el ayer, sea la frustración del presente!

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En los paisajes más oscuros siempre hay un soplo de luz...
Los recuerdos son eso… ¡Recuerdos! Aunque suene difícil, nosotr@s no debemos martirizarnos por lo bello ni por lo doloroso. Deberíamos más bien levantar nuestro corazoncito del suelo y mirar al frente con la valentía de saber que somos seres que le pueden dar su lugar a cada cosa. Es natural que se nos tuerza el alma de dolor, pero hay algo que no podemos negar y es que en los paisajes más oscuros siempre hay un soplo de luz y, en los paisajes más luminosos siempre encontraremos un soplo de oscuridad. Como quien dice, que no todo fue bueno y tampoco todo fue malo.

Debemos aprender del tiempo, él en su eterno devenir reacomoda todo lo que está suelto o atrofiado. Así nosotr@s debemos regalarle un pedacito de corazón a todo aquello que nos hizo felices y no permitir que estos recuerdos sean las dagas que nos maten, porque si nuestros recuerdos nos lastiman, no es precisamente porque nos hayan hecho daño en el pasado, sino porque hay una serie de circunstancias en el ahora que nos hacen reinterpretar lo que ya pasó de una manera negativa.

Aprendamos a recordar, así le daremos a cada suceso de nuestras vidas el espacio que cultivó sin que los fantasmas del pasado llenen de desidia al corazón que hemos logrado transformar con esfuerzo y amor.

Con todo mi corazón...
© Lluvia
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Foto Créditos: Foto 1, Foto 2

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