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| Siempre hay un recuerdo que calcina el alma de dolor... |
Si echamos una mirada atrás y actuamos con un poco de sensatez, descubriremos que gran parte de nuestras decepciones las han ocasionado las cosas que no salieron como queríamos: teníamos tantas ilusiones, tantas cosas planeadas, tantos sentimientos floreciendo, que nos cuesta creer que lo que antes no hacia sonreír como loc@s ahora oscurece nuestra mirada. Nos sentimos tan contrariad@s que ni siquiera los malos recuerdos, aquellos que nos podrían hacer odiar nos dañan. Ahora lo que nos clava una espina en el alma son los buenos recuerdos, los que nos hicieron felices en un mundo que parecía casi “perfecto”. ¡Cuán paradójico es que lo que nos causó tanta dicha en el ayer, sea la frustración del presente!
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| En los paisajes más oscuros siempre hay un soplo de luz... |
Debemos aprender del tiempo, él en su eterno devenir reacomoda todo lo que está suelto o atrofiado. Así nosotr@s debemos regalarle un pedacito de corazón a todo aquello que nos hizo felices y no permitir que estos recuerdos sean las dagas que nos maten, porque si nuestros recuerdos nos lastiman, no es precisamente porque nos hayan hecho daño en el pasado, sino porque hay una serie de circunstancias en el ahora que nos hacen reinterpretar lo que ya pasó de una manera negativa.
Aprendamos a recordar, así le daremos a cada suceso de nuestras vidas el espacio que cultivó sin que los fantasmas del pasado llenen de desidia al corazón que hemos logrado transformar con esfuerzo y amor.
Con todo mi corazón...
© Lluvia







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