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| ¡No debemos olvidar visitar la tienda de nuestra alma! |
Es como cuando eliges usar unos zapatos que no son de tu gusto: te hacen cojear, cojear y cojear hasta que te sacan peladuras y ya cuando quieres usar los zapatos que son de tu medida, no puedes hacerlo por el daño ocasionado por esos apretados y estrechos zapatos que usaste antes. Lo mismo pasa con nuestro espíritu: elegimos vestidos que se nos hacen interesantes, los usamos, pero con el pasar del tiempo, nos damos cuenta de que no elegimos bien, de que por andar intentando ser "alguien" terminamos por no ser nadie, las decisiones inadecuadas terminaron por sacarle peladuras a nuestro corazón y ya ni nos tenemos a nosotr@s mism@s.
Por ello es que muchas veces elegimos tomar un arma, cuando nos declaramos pacífic@s; elegimos poner en tela de juicio las creencias de l@s demás, cuando nos declaramos tolerantes; elegimos gritar, cuando nos declaramos comprensiv@s; elegimos mentir, cuando declaramos amar... Y así, a la luz de nuestro entendimiento, empezamos a crear hermosos vestidos cuando sólo nos cubrimos con basura, una basura pútrida, traicionera, enferma, desleal... Una basura que es de todo y de tod@s, menos nuestra.
Nada puede impedirnos amar, ni siquiera nosotr@s mism@s y las arandelas y limitaciones que nos autoimponemos, así que si un día, ni siquiera las mejores ropas nos llenan el alma, no debemos dudar en rasgar nuestras vestiduras y dejar nuestro corazón al desnudo, porque al fin y al cabo lo que cuenta no es la marca ni el diseño, sino la esencia de un espíritu colmado por la locura más bella que haya podido existir: el amor.
Con amor...
© Lluvia
Foto Créditos: Foto 1





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