lunes, noviembre 29, 2010
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Todas las mañanas al levantarnos, siempre tenemos una película en nuestras mentes que nos ayuda a crear un "vestido de pensamientos" que nos acompaña durante toda nuestra jornada. Unas veces elegimos vestirnos con colores vistosos y alegres, otras, con colores lúgubres y tristes.
espiritualidad, crecimiento
¡No debemos olvidar visitar la tienda de nuestra alma!
Tener conciencia del ropaje espiritual que usamos a diario, nos ayuda a calibrar nuestras emociones y las proyecciones e impresiones que éstas causan a l@s demás, puesto que no sólo debemos mirar la ropa que usa X o Y personaje, sino que, debemos fijarnos en los "harapos" que a veces solemos usar sin tan siquiera percatarnos de ello. Lograr ver nuestras prendas espirituales nos da luces para interpretarnos a nosotr@s mism@s desde la realidad de nuestras acciones y no desde la abstracción de nuestros deseos, porque en gran medida, lo que nos define son nuestras acciones y no los buenos pensamientos que tengamos y que por lo general guardamos en cajas fuertes, cajas que permanecen cerradas y no permiten materializar lo que se siente.

Es como cuando eliges usar unos zapatos que no son de tu gusto: te hacen cojear, cojear y cojear hasta que te sacan peladuras y ya cuando quieres usar los zapatos que son de tu medida, no puedes hacerlo por el daño ocasionado por esos apretados y estrechos zapatos que usaste antes. Lo mismo pasa con nuestro espíritu: elegimos vestidos que se nos hacen interesantes, los usamos, pero con el pasar del tiempo, nos damos cuenta de que no elegimos bien, de que por andar intentando ser "alguien" terminamos por no ser nadie, las decisiones inadecuadas terminaron por sacarle peladuras a nuestro corazón y ya ni nos tenemos a nosotr@s mism@s.

Por ello es que muchas veces elegimos tomar un arma, cuando nos declaramos pacífic@s; elegimos poner en tela de juicio las creencias de l@s demás, cuando nos declaramos tolerantes; elegimos gritar, cuando nos declaramos comprensiv@s; elegimos mentir, cuando declaramos amar... Y así, a la luz de nuestro entendimiento, empezamos a crear hermosos vestidos cuando sólo nos cubrimos con basura, una basura pútrida, traicionera, enferma, desleal... Una basura que es de todo y de tod@s, menos nuestra.

No hay nada mejor que ir a la tienda del alma y preguntarle a nuestro corazón qué es lo que en realidad le queda y lo que no, con qué se siente cómodo para luchar y con qué no, con qué puede abrazar, soñar, besar y entregar sin límites y con qué solo puede caminar en una sola dirección: la de la oscuridad, el vacío, la tiña, la soledad y el dolor.

Nada puede impedirnos amar, ni siquiera nosotr@s mism@s y las arandelas y limitaciones que nos autoimponemos, así que si un día, ni siquiera las mejores ropas nos llenan el alma, no debemos dudar en rasgar nuestras vestiduras y dejar nuestro corazón al desnudo, porque al fin y al cabo lo que cuenta no es la marca ni el diseño, sino la esencia de un espíritu colmado por la locura más bella que haya podido existir: el amor.

Con amor...
© Lluvia
Foto Créditos: Foto 1

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