miércoles, septiembre 08, 2010
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*Un artículo especialmente dirigido a mujeres, pero tu también puedes aprender de él.

Muchas mujeres hemos crecido al lado de cuentos de hadas, de príncipes, princesas y castillos… desde chicas hemos tenido que lidiar con la imagen de la barbie: aquella mujer hacendosa y pasiva, de curvas perfectas e imponente presencia. Es difícil combatir los estereotipos y más aún, cuando estos son implantados desde la niñez. ¿Cómo explicarle a esta sociedad que no debemos ser lo que ellos quieren que seamos, sino que lo único que debemos hacer es vivir libres, desde nuestra singularidad y autenticidad?
valentia, mujer
Las mujeres tenemos una magia especial que nos hace únicas
Nos han formado como amas de casa dispuestas a atender a un esposo y crear un hogar sano y feliz. Pero muchas veces se olvidan de nuestra propia felicidad y por ello nos condenan a vivir atadas al estigma de cumplir con lo establecido. Sin embargo, durante los últimos años se ha evidenciado un proceso que lleva milenios: la revolución pacífica y silenciosa que hemos desarrollado nosotras, las mujeres.

En esta época afortunadamente ya no es tan difícil encontrar a mujeres que se quiten las lúgubres ropas de la costumbre y se vistan de amor por la vida y empoderamiento por sus deseos y derechos. Esta revolución femenina, habla de una libertad sin libertinajes, de esa capacidad de reconocer que no somos iguales a los hombres y por tanto, en nuestra liberación no debemos caer en los vicios que han hecho que ellos se pierdan en el camino. Nosotras, sabemos que somos iguales a los hombres en cuanto a derechos y dignidad empero, nos diferenciamos en nuestras características mentales, sentimentales y biológicas. Muchas veces escuchamos el reclamo: “ustedes dicen que son iguales a nosotros pero quieren que les sigamos ayudando a cargar paquetes pesados o a bajar del auto”, y la verdad es que son cosas totalmente diferentes: se trata de igualdad sin igualitarismos. Mujeres y hombres somos seres humanos con una misma condición, pero las primeras no podemos pretender tener la fuerza física que poseen los segundos… ¡igualdad, sin igualitarismos!
¡Las mujeres debemos ariesgarnos a vivir por nosotras mismas!


No hay nada de malo en un gesto de caballerosidad, no hay nada de malo en ceder una silla o ayudar a bajar del auto a una mujer, al contrario, son gestos que evidencian respeto por nosotras. Y precisamente esta es la clave: el respeto por las particularidades, las dificultades y las fortalezas, reconociendo que las diferencias lejos de ser una vicisitud, son fundamentales a la hora de convivir en este bello rinconcito de planeta.

El machismo a diferencia del feminismo, es uno sólo y tiene un único objetivo: destruir y subvalorar la dignidad de las mujeres. El feminismo, por su parte, tiene múltiples corrientes y puntos de vista: si bien hay corrientes que odian a los hombres, hay otras que sólo se preocupan por la defensa de los derechos de las mujeres y la pacífica convivencia entre seres humanos, dejando de lado las exclusiones que durante tanto tiempo nos han hecho daño.

Hoy quiero hacer un reconocimiento a aquellas mujeres que no le temen a tomar las riendas de sus vidas, a aquellas mujeres que se levantan con valentía de cada caída, a aquellas mujeres que hablan por aquellas que ya no pueden hacerlo, a aquellas mujeres que no se dejan silenciar por las aberraciones de una sociedad machista, a aquellas mujeres que rompen con la norma y se aventuran a vivir una vida propia, a aquellas mujeres que cada día se la “guerrean” por ellas y por las otras… A ustedes, mis queridas amigas feministas reconocidas y no reconocidas ¡Gracias! Ustedes son las que han logrado que ahora ya no nos vendan como si fuésemos objetos baratos, ustedes han logrado que no nos apedreen en las calles por “deshonrar” a un hombre, ustedes son las que han logrado que podamos educarnos y salir al mundo con la frente en alto.

Gracias a ustedes mis amigas feministas por no temerle al “qué dirán” y salir a batallar en contra de la injusticia y la insensatez. Ahora sé, que cada vez que nos llamen “brujas”, “amargadas”, “amachadas”, “solteronas” y “locas” es porque estamos haciendo algo bien, ya que así nos lo ha enseñado la historia: las “brujas” del pasado, son las heroínas anónimas del futuro…

Hoy, me lleno de orgullo al reconocerme parte de ustedes, gracias a todas las “brujas” porque entre todas, logramos hacer magia (¿ven que el apodo no es en vano?). Feministas, gracias por existir y gracias por cometer la osadía de Amar sin límites.
Dedicado a mis queridas amigas de la Casa de la Mujer y la Familia “Stella Brand” y La Ruta Pacífica de las Mujeres.
Con amor...
© Lluvia
Foto Créditos: Foto 1

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