| ¡Todas las mentiras son grandes! |
No hay mentiras “buenas” o “malas”, todas van en la misma “colada” de acciones que van encaminadas a anular una acción a la cual tememos o creemos que nos puede perjudicar en algún aspecto. Lo que diferencia a una mentira de la otra, por decirlo de alguna manera, no es la separación entre lo que consideramos bueno o malo, sino las intencionalidades que tienen y los grados de aceptación social que poseen, de ahí que sea muy común escuchar –incluso con tono de “me enorgullece”- comentarios como “fue una mentirita piadosa, nada grave”, y así, una bolita de nieve se puede convertir en una avalancha: una mentira “pequeña” atrae a una “grande” hasta que se va formando un círculo vicioso de engaños que se nos hace hasta “indispensable” a la hora de convivir con l@s otr@s.
| Si mentimos, nosotr@s también seremos una mentira |
Y, por último, nos encontramos con aquellas mentiras que no se encuentran bajo ningún nivel de “justificación” como en los casos anteriores. Estas mentiras si son calificadas como engaños con letras mayúsculas –como si los otros no lo fueran también- dignos de una sanción moral fuerte. Un ejemplo actual y de moda es el caso del minero de Chile que tenía tres mujeres. A muchas personas el evento les causa curiosidad y hasta risa por los acontecimientos que rodearon este hecho: quedar atrapado en una mina, que hayan much@s periodistas cubriendo la noticia o el clásico machismo: “¡que macho! Con tres mujeres…”. Pero más allá de la espectacularización que hay alrededor de este tema, no deja de ser repugnante la forma en cómo este individuo engañaba a tres mujeres que muy seguramente le amaban profundamente.
Así se empiezan a distinguir tres niveles en la mentira. Pero a estos niveles de enfermedad hay que agregar otro síntoma: la omisión. Entonces, en lugar de decir: “lo siento, te he ocultado cosas, te he mentido”, respondemos en tono altivo: “¡Yo no te dije mentiras! Tú no me preguntaste… ¿Por qué habría de decirte esto? ¿Acaso soy adivin@?”. La omisión significa no hablar de nada con el fin de evitarnos la incomodidad de buscar historias que l@s otr@s crean. Y este es el punto neurálgico de la mentira: la comodidad. No queremos salir de nuestro “cómodo” espacio, no queremos “desacomodar” nuestros pensamientos; queremos mantener una relación “cómoda” con las demás personas y, en últimas, lo que queremos es permanecer en la comodidad de no asumir nuestras responsabilidades.
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| Podemos ser diferentes, podemos ser verdad |
Qué pereza dejarnos envolver por la oscura neblina de los conflictos negativos que desata la mentira. Resulta más cómodo caminar sobre los pantanos con botas, pero te pierdes la sensación de sentir como el lodo se mezcla contigo para recordarte que no puedes ir por el mundo regalando desdichas a las personas que te rodean.
Las mentiras: ¡ni grandes, ni medianas, ni pequeñas! No podemos dejarnos envolver por sus inestabilidades y miserias, porque quizá, con el paso del tiempo, ya no sabremos si nosotr@s mism@s tendremos algo de real o seremos una mentira más. No olvides que quien realmente ama, jamás miente, por dolorosa y decepcionante que sea la verdad, siempre querremos conocerla ¿no crees que es mejor mirar a los ojos de las oscuridades que te atañen? Es más, si tú estuvieras en el lugar del o la otra, ¿te gustaría que te mintieran? ¿Entonces por qué lo haces?
La valentía está en tu corazón, que tus palabras y tus acciones sean iluminadas con los colores de la sabiduría y el amor.
Con amor...
© Lluvia






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