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| Discriminamos incluso sin notarlo... |
*“Aunque la moda se vista de seda, mona se queda”
*“¿Tu te relacionas con esa gente tan “nada que ver”?”
*“Todas las feministas quieren mear paradas”
*“¿Y desde cuándo aceptan a “muert@s de hambre” en este lugar?
*“¡Tod@s es@s altern@s son ladron@s!”
*“¿Vas a llorar como una niña?
*“Estas labores no son para mujeres”
*“Negr@ tenía que ser”
*“Si es pobre, ha de ser brut@”
*“Las lesbianas son peores que los gays”
*“¿De qué religión es? ¡Ahhh si no es como yo, es mejor que se vaya!”
¡Cuánta discriminación! Andamos por la vida subvalorando a los seres humanos diferentes a nosotr@s y tras ello nos ufanamos de ser grandes de espíritu. Cuando discriminamos lo que hacemos es arraigar una creencia sobre el “deber ser”, es como si pusiéramos una estatua y le dijéramos al resto del planeta que tiene que mimetizarse con ella. Pero… ¿te has puesto a pensar en cual es el modelo de estatua que usas para discriminar? Pues tu. Tú eres la medida que empleas para juzgar a l@s demás: ¿crees que eres tan perfect@ como para excluir a otr@s con base a tus virtudes y defectos?
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| Somos iguales, libres de igualitarismos |
Lamentablemente deambulamos por este mundo creyendo que existen verdades absolutas y peor aún, que las poseemos y tenemos la potestad de lastimar y agredir a quienes no usan nuestros parámetros sociales o no detentan nuestra cultura, de ahí que empecemos a crear una división entre seres superiores (iguales a mí) e inferiores (diferentes a mí), división que sólo deja como resultado a una bola de excluid@s, puesto que no sólo discriminamos a l@s demás, sino que nos privamos de la oportunidad de abrir nuestra mente a nuevos aprendizajes y experiencias.
Pero como nosotr@s no queremos vivir en medio de divisiones, debemos recordar que todas las creencias encaminadas al buen vivir se enfocan en dar amor y reconocer que tod@s somos diferentes pero merecemos el mismo respeto. Cuanta lastima provoca saber que existen personas que andan gritando sus actos de filantropía a los cuatro vientos mientras que en la intimidad atropellan la dignidad de quienes les rodean: de nada te sirve andar con una camándula en la mano, orar arrodillad@ en granos de maíz, ayunar o invertir tu dinero en obras de beneficencia cuando tus actos no honran a tus creencias, cuando eres un@ con la palabra y otr@ con la acción, cuando en lugar de respetar, discutes, laceras, gritas, insultas, señalas, mientes, deshonras.
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| No permito que mi corazón se envenene, ¡Yo no discrimino! |
Debemos limpiar nuestro corazón del veneno de la discriminación, debemos respetar y celebrar nuestras divergencias. Las comparaciones nunca son buenas, pero si las haces, puede que seas “superior” a algún@s, pero siempre serás “inferior” a otr@s tantos, entonces ¿no sería mejor que te quedaras con tu sello de unicidad?
Hemos sido bendecid@s con una increíble diversidad, ¿por qué querríamos cambiar nuestra asombrosa naturaleza? Ello sólo sería una idea de tont@s o estatuas. Tú puedes empezar a sumar o a dividir, tú eliges si quieres discriminar y ser discriminad@.
Con amor recargado...
© Lluvia








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