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| No deseamos fracasar pero muchas veces el fracaso es necesario |
El fracaso muy a menudo se toma atribuciones que no le corresponden gracias a nuestros dramáticos y desesperanzadores pensamientos. No debemos asumir la vida bajo las lógicas de un juego: se pierde o se gana. ¡No! Nuestro mundo es más que eso y por ello el fracaso puede configurarse como un acierto: ¡Cuan bienaventurad@s somos cuando fracasamos en ese trabajo que no nos gusta! ¡Qué maravilloso es fracasar con aquella relación de pareja que llevamos por costumbre! ¡Cuán grato es fracasar en esos estudios que nos atormentan! ¡Qué bello es fracasar en el intento de convertirnos en quienes no somos! ¡Qué beneplácito es fracasar! ¡Qué afortunado es fracasar! ¡Qué inteligente es fracasar!
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| Nuestros "fracasos" dependen del lente con que los miremos |
El fracaso es natural en nuestras vidas, que nada ni nadie nos haga creer lo contrario, porque los sabores del alma no son sólo dulces, también los hay amargos, agridulces, ácidos, agrios, picantes… Y lo cierto es que gracias al sabor del fracaso logramos aprender y apreciar con mayor intensidad los sabores de la vida para construir senderos de humildad y respeto. Si fracasas, algo no está bien en tu corazón, sea por dificultades, costumbre, monotonía o miedos, la clave está en afrontar al fracaso para forjarnos un espíritu más fuerte y decidido.
El fracaso es como una prueba de sangre para tu alma: te dice lo que está bien y lo que está mal en tu camino y te regala un diagnostico acertado de las enfermedades que hay en tu corazón antes de que éstas terminen por matarte. Recuérdalo con amor, resulta mejor ser “felizmente facasad@” que “infelizmente ganador@”. Que el sentimiento de derrota no te desfase, porque sólo fracasas cuando dejas de amar...
Con amor recargado...
© Lluvia







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