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| ¡Debemos seguir nuestro corazón! |
A veces pensamos que lo que queremos para nuestras vidas es lo que nos dice la gente que debiéramos tener, entonces nos transformamos en hombres y mujeres “ideales”. Pero llega un día en el que rompemos con ese esquema y empezamos a pensar por nosotr@s mism@s y descubrimos que no queremos una vida “maravillosa”, sin problemas, sin metas, sin retos.
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| ¡Ahora la regla es ser nosotr@s mism@s! |
La formula más exacta para llenarnos de infelicidad y frustración es que le llevemos las ideas a l@s demás y nos neguemos la posibilidad de ser únic@s, convirtiéndonos en una pintura dibujada por otr@s. No hay mayor placer en este mundo que permitir que nuestras propias curvas afloren y llenen de arte nuestro proceder, porque hay que reconocerlo, nadie tiene derecho a tomar decisiones por nosotr@s, ni siquiera las personas que más nos aman.
Mirémoslo de esta manera: ¿Qué pasa si ves a una persona sentada en el suelo en la calle? Lo primero es que piensas que es un o una desocupada más, que no tiene oficio o que busca hacerle daño a alguien. Después puedes decir que es un o una indigente o que tal vez está drogad@. Y por último, empezaras a inventar mil y un historias pre juiciosas sobre el por qué ese alguien se ha sentado en un andén. ¿Pero en algún momento has pensado en que ese alguien simplemente quiso detener su tiempo para ver pasar el de l@s otr@s? ¿Alguna vez has pensado en que ese alguien está en el suelo para arraigarse a su territorio? ¿Alguna vez has pensado en que ese alguien hace uso de sus gustos y no de los gustos de l@s demás?
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| Somos encantador@s, ¿Conoces tu encanto? |
Qué bueno sería convertirnos en ermitañ@s, en aquellas personas que se alejan de todas las ostentaciones de la vida superficial para sumergirse en las profundidades de su propio ser y así encontrar su propia esencia. Nuestro espíritu se encuentra lleno de caminos, caminos que siempre estarán guiados por nuestra sabiduría interior y nos darán la fuerza necesaria para dar un grito de rebeldía y permitirnos construir nuestro propio mundo, un mundo en el que reconozcamos que la felicidad depende de nuestra mente y no de los pensamientos de quienes nos rodean, un mundo en el que elijamos lo que más amamos por encima de las conveniencias, un mundo en donde no le tengamos miedo a nuestro corazón y nos atrevamos a ser libres.
Con amor recargado...
© Lluvia








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