Son tantas las paradojas que vivimos en estos tiempos “modernos”, que a veces nos queda difícil reconocer el contrariado ritmo en el que nos movemos a diario. Tenemos mayores avances en el campo de la medicina, pero el número de enferm@s aumenta cada día; tenemos más comodidades, pero el tiempo para disfrutarlas escasea; tenemos un mejor acceso a los medios de comunicación, pero optamos por vivir incomunicad@s.
Lo tenemos todo y a la vez no tenemos nada…
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| No tenemos por qué adivinar los sentimientos de otr@s... |
No hay que vivir, hay que sobrevivir en esta era de aceleración en donde los sentimientos son cronometrados con el fin de que no interfieran con nuestra rutina.
Dejamos de ser- humanos para convertirnos en personas competitivas e independientes que responden por diez mil tareas al mismo tiempo y que, quizá, si “sobra” un tiempito después de entregar informes, hacer trabajos, limpiar la casa y cumplir con los deberes, se dedicaran a las personas que aman, caso que resulta bastante hipotético, ya que después del trasegar de la jornada, el estrés y el agotamiento nos vencen,
haciendo que la presencia de l@s otr@s nos llegue a parecer molesta.
Para amar hay que tener tiempo. Y no sólo se trata de amar todo lo que hacemos, también se trata de amar a las personas que iluminan nuestra existencia y demostrarlo. Basta ya de ese cuentico con el que siempre salimos para justificar nuestra falta de atención, basta ya del “no necesito estar a tu lado para que sepas que te amo y te envío mis mejores deseos”.
¿De verdad? ¿Crees que imaginándote al o la otra vas a suplir esa necesidad de escuchar su voz y sentir su calor? ¿Hay que dar por sentado que siempre estamos en los pensamientos de l@s demás?
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| Podemos colocarnos en el lugar de los seres que nos aman |
No sólo hay que pensarlo y sentirlo, hay que expresarlo y decirlo. No hay nada más aburridor que tener que andar permanentemente con una especie de “ganzúa” en las manos esperando tener la técnica correcta para sacarle las palabras a l@s otr@s. Un pensamiento no suple las acciones de amor que necesitamos por parte de las personas que amamos.
Un pensamiento no reemplaza el poder de de una palabra que sana, de un abrazo que enternece o de una caricia que nos ponga “la piel de gallina”.
No vivimos en un planeta de mentalistas como para adivinar qué es lo que el o la otra piensa, o por el contrario,
l@s otr@s no tienen porque adivinar lo que pensamos. El corazón no está simplemente para que adorne nuestro pecho o figure en aquellas famosas esquelas… Las manos no están para tenernos la cara como un maravilloso grupo de amargad@s... No tenemos los ojos exclusivamente para evitar que al salir a la calle nos arrolle un autobús…
Es hora de salir del estado de imnosis, debemos despertar sin esperar que nadie nos ayude a hacerlo. La vida exhala con cada imagen que capta nuestra alma, podemos hacer de lo efímero, un arco iris eterno, empieza por sacar a tu corazón de esa vieja caja de cartón que asevera “no tocar, mentalista en potencia”.
Con amor...
© Lluvia
Foto Créditos: Foto 1
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