viernes, agosto 27, 2010
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No hay justificaciones para que nos compliquemos la vida con orgullos tontos que nos alejan de las mieles del corazón. A veces no expresamos lo que sentimos, quizá no sea pertinente; no regalamos un halago ni una palabra de aliento, ¿qué tal que sea mal interpretada?; no damos un detalle, ¡tal vez no es necesario!; no le demostramos a alguien que es importante para nosotr@s, pues esa persona sabe que le “guardamos” en nuestro pensamiento…
sentimientos, emoción, miedos
Duele más reprimir los sentimientos que dejarlos volar
Y así nos la pasamos, guardando y guardando, como quien atesora grandes cantidades de dinero, aún sabiendo que lo que tiene puede calmar la angustia de otr@s. La vida se transforma en una guerra en la que gana no quien ama más, sino quien “demuestra” menos. Y empezamos a creer que l@s demás saben cuánto les apreciamos, pero la verdad es que no hay que dar por sentada la existencia de un sentimiento, no basta con suponer… ¡Hay que decirlo! ¡Hay que demostrarlo! En suma total, ¡Hay que vivirlo! Pero a veces nos convertimos en esas últimas “coca colas” del desierto que solo reciben sin dar nada a cambio: atesoramos, amarramos y no entregamos ni un ápice de afecto… La tiña nos invade, somos tan tacañ@s que hasta osamos medir nuestros sentimientos.

La mínima condición del amor es que sea correspondido, y si ello no sucede… ¿Qué sientes? Que no te aman y que es mejor alejarse de quien te lastima con su indiferencia. ¿Te gustaría que hicieran eso contigo? Sucede lo que afirma aquel bolero –muy bello por cierto-:
“Ódiame por piedad yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia, odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido”

Entreguemos nuestro corazón a quien lo espera
¿A quienes quemamos con el frio de nuestra indiferencia? Precisamente a quienes más nos aman, puesto que estamos tan segur@s de tenerles a nuestro lado, que a veces descuidamos abrazar a ese amor y a pesar de estar compartiendo el mismo lugar con dichas personas, puedes sentir su lejanía, como si hubiesen millones de millas por medio…

Alguien está esperando una calurosa sonrisa, alguien quiere escuchar que le amas, alguien quiere sentir tu calor, alguien quiere que le abraces el alma. ¿Por qué no darte luz verde? El mayor peligro que corres es el de amar y no sólo extender tus manos para recibir. No te olvides que uno de los placeres más bellos de la vida es dar lo mejor de nosotr@s y permitir que otr@s hagan lo mismo.

Y si el amor sólo es cuestión de amar… ¿Por qué te complicas? No esperes a que llegue el día en que tú seas condend@ al cementerio en el que has condenado a vivir a quien te ama. ¡El momento es ahora! y aunque muchas veces sea difícil expresar lo que sentimos, no debemos anclarnos allí sino buscar una solución al respecto; por ejemplo, si se te dificulta hablar, puedes escribir: ¡una carta en donde expreses lo que sientes puede ser la salida! Permite que tu espíritu salga de la cárcel del silencio innecesario, da pasos lentos pero certeros, seguro en un futuro lograras no solo decir lo que sientes, sino gritarlo a los cuatro vientos si así lo deseas.

Con amor...
© Lluvia
Foto Créditos: Foto 1

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