Suele sucedernos que, en ciertos momentos tenemos el corazón “bajito” de ánimos, razón por la cual andamos como naúfrag@s en medio de un inmenso océano:
aferrándonos a lo que se nos parezca a un salvavidas. Al estar tantos días en alta mar,
quemándonos por el sol y angustiad@s por la soledad y el miedo a sucumbir, empezamos a perder la visión e incluso el placer de sentir, tanto, que nos empezamos a enamorar de fotografías, de los pájaros en el cielo o de la misma sal del mar.
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| A veces nos enamoramos de lo que queremos ver... |
Pero lo malo del naufragio no es que sea real, -hubiésemos encontrado salvación- lo triste de estos naufragios es que los sufrimos en tierra y lo que se afecta no es el cuerpo, sino el espíritu. Y ya con los ojos y la piel quemados por el sol,
no podemos ver ni sentir lo que de verdad pasa a nuestro alrededor. En esa posición de cieg@s naúfrag@s es que entonces nos aferramos a un “salva vidas” que no existe, no porque sea invisible,
sino porque nosotr@s le hemos creado una forma diferente a la que en realidad tiene.
Y no es que el o la otra sean “l@s mal@s del paseo” como muchas veces suele suceder,
es que nosotr@s fuimos quienes le crearon una apariencia divergente a la que tiene: le pusimos unas virtudes, le quitamos unos cuantos defectos, le atribuimos unas cuantas cosas maravillosas, entre otras. Esto por lo general, sucede en la mayoría de relaciones que se encuentran en la etapa de acercamiento, pero aquí, se da de una forma exagerada y casi que inexplicable, se empiezan a cambiar colores, formas, sabores, gestos, actitudes,
hasta que el o la naufraga logra recrear la imagen que tenía en mente.
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| El amor es recíproco: no se concibe sin dar y recibir |
Hay un caso que me llama mucho la atención en este aspecto.
Se trata de una chica que vive enamorada de un hombre al cual nunca le ha hablado, que no conoce pero que ha idealizado de una forma inimaginada. Ella asevera que lo que hay entre él y ella es una “conexión espiritual de otras vidas” que una persona del común –en este caso como yo- jamás podría entender. El chico dice que él no es la persona maravillosa que ella cree, es más, que ese no es él; empero, ella sigue insistiendo en lo mismo. No debemos negar que existen las conexiones espirituales entre dos seres:
tú sientes una inexplicable tendencia a estar con esa persona, y ella, a su vez, siente lo mismo. Por eso se llaman conexiones, porque hay dos partes dispuestas a compartir y a estar juntas. Pero…
¿qué pasa cuando el sentimiento de “conexión” sólo viene de una parte? Pues no hay una conexión, sino una imitación de ello…
Nosotr@s debemos estar pendientes de no sobrepasar los límites del autorespeto y la autoestima, porque de nada vale tiene una “conexión” cuando esto lo único que hace es enviarnos hacia el abismo del sufrimiento.
Debemos cuidar de nosotr@s mism@s y saber que podemos y merecemos salir de nuestra situación de naúfrag@s para poder vivir a plenitud y reconocer el amor,
uno que no se da en aguas saladas sino en medio de yacimientos de agua dulce que nos regala serenidad, amor y correspondencia.
Con todo mi amor...
© Lluvia
A veces el amor se confunde con el hecho de aferrarse a alguien!!!
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