jueves, julio 07, 2011
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Los seres humanos tenemos la inmensa responsabilidad de amar, ser felices y aprender por nuestro paso en este mundo. Pero muy a menudo, la “inteligencia” de la cual hacemos tanto alarde para diferenciarnos de otras especies, se tergiversa y se convierte en tontería, en la más cruel e insensata manifestación de amor no encontrado: el rencor.
rencor, dolor, desamor, criticas
El rencor simboliza una lanza de dolor y desamor...
¿De dónde parte el rencor? El rencor siempre parte de una herida que nos hicieron y que dejó un huequito en el pecho que nos llenó de dolor y tristeza. Es normal que sintamos ese sentimiento, porque fuimos herid@s y ello es la forma en que nuestro espíritu demuestra su malestar. El problema toca a nuestras puertas cuando en lugar de perdonar, empezamos a apretar entre nuestras manos ese ajado papel que nos recuerda que nos lastimaron, esperando a que quien ocasionó el daño pague por ello y además se arrodille sobre granos de maíz para lograr nuestra atención.

El rencor es como una especie de venda del ego: “yo no tuve la culpa de esto, no tengo por qué perdonarle, ojalá y sufra lo que yo he sufrido”. Y así en lugar de intentar sanar las heridas, nos abrimos otras, porque la razón es nuestra y nadie nos la puede quitar; y ello es cierto: nosotr@s fuimos las víctimas, en consecuencia, no merecemos seguir siéndolo. Recuerda que se demuestra más grandeza al abrir las manos para liberar que al empuñarlas para encarcelar. El corazón se alimenta de lo que nosotr@s le entregamos y muchas veces, sin darnos cuenta de ello, alimentamos aquellas rencillas pasadas que no tienen razón de ser en el presente y de ser víctimas, fácilmente nos convertimos en victimari@s.

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¡Nosotr@s podemos ser la luz que el mundo espera!
Ayer, evidenciaba un gran aprendizaje con mi madre: Una de las mujeres que más le difamó hasta el punto de lograr que las personas que le tenían gran aprecio le retiraran sus afectos, sufrió un inmenso dolor, y ella en lugar de quedarse indiferente, decidió ser una mano amiga y apoyarle. Y ahora que lo pienso, digo: ¡cuán gratificante es no tener una buena imagen, pero poder caminar con la cabeza en frente, digna, sin miedos! ¡Cuán bienaventurado es poder perdonar e incluso enseñarle a quienes fueron nuestr@s “enemig@s” que la vida es mucho más que odio! ¡Cuán maravilloso es no permitir que el rencor gane!

Nosotr@s somos guerrer@s de una batalla muy antigua. Nosotr@s podemos ser luz o un rincón más de oscuridad. Desprendernos del rencor no es fácil, es un proceso que requiere tiempo, honestidad y mucho amor, la pregunta es ¿tu espíritu tiene la grandeza para dejar ir el rencor? Como siempre, la elección es sólo tuya…

Con todo mi amor...
© Lluvia
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