miércoles, julio 28, 2010
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Si no te amara, no me preocuparía porque fueras mejor cada día. La mayoría de errores que cometemos, los cometemos para evidenciar una mala acción de la que no nos habíamos percatado, pues somos seres que deben estar en constante aprendizaje para alcanzar una vida plena y feliz.
corregir, educar, apoyar
Amar es ayudar a l@s otr@s a ser mejores
Piensa qué hubiese sucedido si tu madre y tu padre no te hubiesen reprendido cuando lo necesitabas… seguramente hubieses persistido en el error y no hubieses dado un cambio positivo. Sin embargo, no todas las personas en este mundo tienen la generosidad que tenían nuestros padres, ya que existen muchas personas aduladoras que nos vanaglorean con el fin de obtener beneficios o simplemente “caer bien” en determinado entorno así sus afirmaciones sean inverosímiles.

Pero por otra parte, hay un reducido grupo de personas que son capaces de borrarnos el bello paisaje lleno de pajaritos y flores en el que se esconde ese valle oscuro de nuestro ser que much@s ven, pero poc@s confrontan. Estas personas tienen la virtud de hacernos escuchar lo que no queremos escuchar y hacernos ver lo que teníamos oculto tras una cortina de humo. Ahora la pregunta es: ¿nuestra soberbia puede hacerse a un lado para permitirnos aceptar las correcciones que generosamente nos regalan? O por el contrario, nos llenamos de orgullo y a pesar de que sabemos que quien nos corrige tiene algo –o mucho- de razón, nos inventamos falsas excusas en las que nos protegemos y en lugar de aceptar lo que sucede, arremetemos en contra de la persona que nos compartió sus pensamientos y críticas.

Debemos escuchar las críticas constructivas
Tenemos derecho a equivocarnos y también tenemos derecho a corregir nuestros errores y ¿qué hay de malo en ello? Somos seres humanos imperfect@s que a lo largo de la vida suben por la escalera de la realización personal y colectiva. ¿Acaso quieres enredarte en uno de los escalones y no seguir avanzando?

Aceptar lo que l@s demás tienen por decirnos es señal de humildad y bienaventuranza en espera de un futuro mejor. No hieras a quien te corrige, esa persona seguro te ama más de la cuenta y por ello quiere que seas mejor. En lugar de ello, te propongo que hagas el sano ejercicio de pensar tan siquiera por un minuto en el por qué de las palabras de esa persona. Es fácil juzgar cuando no queremos ser juzgad@s y tampoco queremos aceptar nuestras faltas y menos pedir una disculpa. Recuerda que para recibir halagos sólo hace falta que salgas a la esquina de la hipocresía. Pero para que recibas una crítica constructiva tienes que caminar… ¡y mucho!

Aceptemos las correcciones que nos hacen con amor, lo más seguro es que quien nos corrige lo hace sinceramente, pues se ha tomado el trabajo de buscar un momento para hablar y dialogar con nosotr@s sobre las percepciones que tiene con respecto a nuestro ser. Amar es corregir, sencillamente porque si corregimos, es porque queremos dar la mano para que l@s otr@s no se hundan en un lúgubre pantano.

Con amor...
© Lluvia

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