El amor es una montaña de inamovibles dimensiones mientras que el querer es un resalto en el suelo. El primero sobrepasa al segundo con una gran ventaja y en múltiples formas, de ahí que siempre digamos que
“amamos” a todo lo que llevamos aferrado al alma y, cuando no queremos comprometernos o no amamos con intensidad, remitimos nuestro sentir a un “aprecio”, un “valoro” y en ultimas, a un
“querer”.
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| Debemos aprender a entregar el alma |
No hay nada de malo en ello,
los sentimientos mientras sean sinceros son globos de esperanza que llenan de calor al corazón. Lo que es objeto de crítica, es que entre seres humanos no nos amemos como congéneres e hij@s de una misma naturaleza y por ello nos hagamos daño, nos lastimemos, nos menospreciemos y siempre pensemos que él o la otra actúa con “mala fe”. No se trata de que amemos a quienes no conocemos –aunque no sería mala idea-,
se trata de tener el valor para AMAR a quienes se encuentran en nuestras vidas, así no sean personas demasiado cercanas: el hecho es que han sido y son nuestr@s cómplices de camino, aquell@s que en cierta medida han acompañado nuestro andar por este mundo.
Debemos RESPETAR con base al amor y no con base a las migajas de un planteamiento social que quiere hacernos a tod@s iguales.
El querer es un minúsculo pedacito de cielo de todo el universo que puedes ofrecer. Queremos al cepillo de dientes, al auto que nos libra de caminar largos trayectos, al abrigo que nos protege del frío, a las edificaciones que nos protegen de las inclemencias del tiempo…
¿Y con las personas esto funciona bajo la misma lógica? No debemos limitar al amor. El ser amad@s no sólo es un privilegio para nuestr@s padres, madres, herman@s, pareja, amig@s o familia, el amor
también debe estar presente en las personas que nos rodean.
El amor es una inagotable fuente que crece cada vez que bebemos de ella, es el único bien que entre más derrochamos, mas multiplicamos y disfrutamos.
Hay que abrirle espectro a nuestro corazón: no sólo abras la ventana…
¡abre las puertas y crea otras! Amar es la adicción más inquietante y fructífera que puedes vivir. No le temamos decirle a las personas que nos rodean y a las que ya no, que les amamos y que les agradecemos por haber sido y ser una partecita de nuestro camino.
¡Amemos más y queramos menos!
Con amor...
© Lluvia
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