martes, abril 05, 2011
0
No hay nada que asuste más que enfrentarnos a nuestros propios miedos y debilidades. Muchas veces nos disfrazamos de robles cuando lo que tenemos dentro es un derrumbe: escodemos nuestro lado flaco tras aquellas acciones intransigentes que nos hacen olvidar que como seres humanos tenemos defectos, tristezas, dolores y heridas que no pueden disfrazarse en un olvido crónico que nos hace creer que somos l@s únic@s seres en este planeta que tienen vicisitudes.
amistad, alegria, compañia, apoyo
Es mejor caminar acompañad@s que sol@s...
Pero todo es mentira, nuestros dolores también los han sentido otros corazones que desde el silencio han llorado y han soportado las difíciles pruebas del camino: nuestr@ vecin@, nuestr@ conocid@, ese o esa extraña que ves en la calle también ha sufrido, también ha sido presa de la desesperación y el sufrimiento. Andamos por las calles con navajas en el alma, prevenid@s de todo posible ataque que la gente nos pueda ocasionar, por ello es que vivimos en decadencia, por ello es que vivimos entre lágrimas y errores, por ello es que vivimos entre guerras, insultos y oprobios…

Qué es más fácil: ¿hacer enemig@s o amig@s? ¿Insultar y gritarle a quien hace un comentario que nos agrede o quedarse en silencio y después preguntar el por qué del sentimiento de ira? ¿Golpear o corregir con paciencia y amor? ¿Salir huyendo o quedarse a luchar? ¿Discutir con quien nos hace una crítica o aceptar con humildad su consejo? ¿Destruir o construir? ¿Rechazar o aceptar? ¿Pelear o tolerar?

Debemos "desarmar" el alma...
Cuando vamos a construir un edificio nos podemos tardar años: pensamos en el diseño, en el terreno, en los materiales, en la decoración, en la electricidad, en la calefacción. Cuidamos de cada detalle, de cada etapa, de cada tarea porque queremos que todo salga perfecto. Ahora bien, ¿Cuánto tardamos en destruir el edificio que acabamos de construir durante años? Días si usamos maquinaria pesada y segundos si usamos explosivos. Lo mismo pasa con nuestras relaciones interpersonales, si no la pasamos cargando explosivos, sólo veremos en l@s demás a enemig@s y no a personas que aunque diferentes, merecen respeto ya que también son seres humanos valiosos que todos los días luchan por vivir y pintar el cielo con sonrisas y besos.

Recuerdo con especial afecto un día que regresaba de uno de mis acostumbrados retiros espirituales. Quise comer una mazorquita, de esas que me gustaban tanto cuando era niña y me senté a disfrutarla en uno de los principales parques de mi ciudad. Pasados unos minutos, se me acercó un hombre con la intención de venderme uno de los anillos que había fabricado en la cárcel. Pero en lugar de negarme o comprarle uno de sus anillos, le pregunté ¿por qué estabas en la cárcel? Él me miró muy sorprendido y se sentó frente a mí, supongo que no se esperaba esa pregunta, al igual que yo tampoco me esperaba una buena respuesta.

Este hombre me contó que un día al llegar a su casa tras una larga jornada de trabajo como vigilante privado, encontró a su mejor amigo sosteniendo relaciones sexuales con su esposa. Él se llenó de furia y le disparó a aquel hombre en la cabeza con su arma de dotación. De aquel acontecimiento ya habían pasado cinco años y él estaba libre, con un futuro incierto, vendiendo anillos en un parque y con una gran vergüenza de enfrentar a sus dos pequeños hijos.

amistad, alegria, compañia, apoyo
No dudemos en darnos la mano entre seres humanos...
Al escuchar su historia, yo correspondí a su confianza y le conté la mía. Él, con gran clarividencia supo desamarrar los nudos que yo me negaba a soltar y me dijo un par de verdades que me hacía falta escuchar. Ese día, Diego –como se llamaba aquel hombre-, el ex convicto, el señalado, el asesino, el mendigo, el extraño… ¡Fue mi mejor amigo! Y en lugar de venderme un anillo, me regaló dos, y al entregármelos me miró a los ojos y me dijo: “este anillo es para usted, por favor no lo regale nunca, consérvelo. Y este otro, quiero que lo guarde para una persona que sepa reconocer la gran persona que es usted”.

Ése día se me infló el corazón de amor porque comprobé que podemos encontrar una mano amiga en quienes menos lo esperamos. Fíjense, Diego no se esperaba nada de mí y yo tampoco esperaba nada de él, pero como seres humanos fuimos solidarios y comprensivos, respetuosos y tolerantes, fraternos y condescendientes. L@s amig@s están en todas partes, la pregunta es: ¿estamos dispuest@s a recibirl@s?

No nos sigamos preparando para dar puños, preparémonos para abrazar los sentimientos de quienes nos rodean y convertirnos en la luz que much@s quisieran ver al final de una tortuosa noche.

Con todo mi corazón...
© Lluvia
amistad, alegria, compañia, apoyo
Foto Créditos: Foto 1

0 comentarios:

Publicar un comentario