A veces nos llenamos de todo y de tod@s para evitar estar con nosotr@s mism@s. Es fácil no conectarse con nuestro interior puesto que vivimos en una sociedad en la que la reflexión no posee mayor importancia si se aleja de los estándares del consumo.
Todo se encuentra diseñado para el ruido y no para la paz del silencio: ¿te has llegado a preguntar el por qué pueden diseñarse aparatos que perforan las profundidades del mar o exploran otros planetas, y no pueden diseñarse dispositivos efectivos que logren silenciar el molesto ruido de una aspiradora, una computadora o un automóvil?
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| Para amarnos, debemos reconocer cada pedazo de nuestra geografía |
La reflexión, ha pasado a un segundo, tercer, cuarto, quinto, penúltimo y último plano:
preferimos convivir con todo lo de afuera a medias, antes que convivir con nosotr@s mism@s a plenitud. Nos siguen asustando los viejos fantasmas, seguimos teniendo los mismos defectos, corremos ante nuestras propias verdades, cerramos los ojos para no ver nuestra realidad y nos tapamos los oídos para no escuchar a la voz interna que nos grita sabiamente lo que no queremos escuchar. Lo cierto es que,
podemos escapar de todo cuanto queramos, menos de nosotr@s mism@s. La responsabilidad de nuestras vidas es única y exclusivamente nuestra, nosotr@s somos l@s que creamos nuestro mundo, incluso, cuando decidimos no actuar, estamos siendo responsables de esa determinación, ya que elegimos no elegir.
Más allá de los individualismos, puestos de moda por la modernidad y su consecuente racionalidad instrumental,
debemos reconocer que así como hay cosas que se salen de nuestro alcance, hay otras que son maleables. Por algo,
algún@s estadistas afirman que hay un 10% de acontecimientos sobre los que no tenemos control, empero,
tenemos potestad sobre el restante 90%, pues éste es configurado por las maneras en las que nos enfrentamos a las situaciones que se nos presentan a diario.
Consecuentemente con esto,
tomar el papel de víctima no es una opción sensata,
ya que aparte de vivir en una esfera de fantasías que se desvanece con el más mínimo soplo de realidad, nos negamos la posibilidad de sanar y progresar. Siendo víctimas a lo único que apelamos es a despertar lastima, a escuchar un constante “pobrecit@” y a creer que l@s demás deben ser “caritativ@s” con nosotr@s porque sencillamente la vida nos lo “debe”.
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| Siempre podemos florecer en medio de la adversidad... |
Así que la pregunta correcta no es “¿por qué me hacen esto?” sino
“¿por qué hago esto conmigo?” La primera pregunta, nos encierra, bloquea y limita mientras que, la segunda hace que
pongamos a funcionar nuestra mente en búsqueda de soluciones y recursos eficaces que mejoren nuestra situación. Siempre tienes la opción de hacer un alto en el camino y decir:
“o me muero aquí, o busco una alternativa que le dé una re significación a mi vida”.
Un buen inicio para lograr esta re significación es emprender un viaje hacia nuestro interior, un viaje hacia la reflexión en el que conozcamos a es@ otr@ desconocid@ que tenemos dentro. El panorama no es desértico, siempre habrá una gota de agua en medio de la más desesperante sed espiritual.
Viajar hacia adentro de nosotr@s mism@s es un desafío en el que nos daremos cuenta de que los temores pueden desaparecer por arte de magia, eliminando los pensamientos que dennotan imposibilidades y reemplazándolos por un altivo
“Si puedo” que nos empodere de nuestro futuro.
Antes de convivir con lo de afuera,
aprendamos a convivir con nuestro interior, démosle a nuestra alma un soplo de vida que la haga sentirse fuerte ante el frio de la angustia y la más inefable soledad.
Con amor...
© Lluvia
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